Al desayunar huele a ti mi taza,
estos sentimientos aun me engañan,
estas servilletas aun te recuerdan,
no hay suficiente azúcar para cubrir tu ausencia.
pese a todo no hay olvido,
pero aun duele estar vivo,
esencia del ser que acepta su destino,
no puedo borrar tus manchas de mi abrigo.
mi voz no alcanza a tu cuerpo,
mis manos no pueden describir tu recuerdo,
mi mirada no se cruza con tus pasos,
mi olfato ya no atraviesa al tiempo.
cada mañana preparo mesa para dos,
sirvo una taza de te verde y otra de café negro,
la miel de ulmo aun alcanza para nosotros,
aun que de ese día bebo disfrutando
mi taza ahora con su característico amargor.