una niña, hay una niña llorando del otro lado del espejo,
- ¿estas bien? - Le pregunto analizandola, buscando la causa de su dolor. pero lo que veo es horrible, sangre. ¿porque hay sangre en el suelo?. me vuelvo a fijar en la niña y su hermoso vestido tambien esta manchado de sangre; Dios ¿que es esto?. ella parece no oirme, ya que no me responde.
- querida mirame, todo estara bien, solo dejame entrar y vamos para el hospital - le grite desesperada, ese espejo nos separa y por mucho que mirara alrededor no habia una manera o alguna grieta por la que pudiera ingresar; hasta que ella susurro algo en medio de su llanto.
- pero si yo no te agrado, me odias - ¿que?, pense.
- pero ¿como dices eso?, no te conozco, solo quiero ayudarte, si sabes donde estas o como ingresar para poder solucionarlo - hasta ese momento ella habia mantenido su rostro agachado, no me daba la cara.
- estoy dentro de ti - dijo levantando su pequeño rostro lleno de lagrimas - te doy verguenza por eso me has mantenido encerrada y olvidada; cada vez que queria hablar me ignorabas ¿porque me has dejado sola?
me habia quedado fria, esa niña es identica a mi cuando estaba pequeña, yo no se que hacer, ¿que sucedio?
- ¿ya estas lista para entregarme esa area? - derrepente me dijo una voz a mi lado - ¿no crees que ya es hora?, ella ha estado lastimada mucho tiempo, es hora de que sane.
- pero, no se que le paso, no entiendo - le respondí casi gritandole en mi desesperación y confusión.
- claro que no te acuerdas, porque desde hace mucho la has ignorado tanto que tu mente bloqueo el recuerdo, pero ella si sabe, ¿te parece si hablamos con ella? - me pregunto extendiendome la mano para poder cruzar del otro lado del espejo.
- tengo miedo - le dije.
- es normal temer a lo que alguna ves decidimos olvidar para protegernos, pero esa no es la mejor manera, ya que las secuelas de tu pasado te van a seguir persiguiendo hasta que no me dejes sanarla - me dijo con una sonrisa que logro calmarme un poco. cuando decidi agarrar su manos vi en ellas agujeros cicratizados - el tambien sufrio - pense.
- ya es hora - me dijo y agarrados de la mano lentamente fuimos pasando del otro lado. cuando logramos cruzar una luz me cegó completamente que solo pude oir una voz que decia, no sueltes mi mano. y desperte, con la mano empuñada y lagrimas corriendo por mis ojos. gracias, ya se lo que tengo que hacer.