Necesito el toque de tu Espíritu: transfórmame.
Necesito tu sangre, Jesús: purifícame.
Cada vez que vengo a verte y veo escrito mi nombre en tus manos, tu verdad rompe mis cadenas, me das libertad.
Fortaléceme, soy débil; consuélame de mi dolor; sáname, soy pecador; perdóname.
Muéstrame, oh Dios, tu gloria, el resplandor de tu presencia; llena de ti mi corazón, sacia mi sed.
Necesito el toque de tu Espíritu: transfórmame.
Necesito tu sangre, Jesús: purifícame.
Si podemos hoy cantar, con nuestras voces adorar, es porque hemos escuchado y aceptado la verdad.
No, no hay más condenación para aquellos que han creído: que en Cristo libre soy.
Si podemos hoy cantar, con nuestras voces adorar, es porque hemos escuchado y aceptado la verdad.
Cristo vencedor, admirable Dios.
El cordero, Digno es. Mi abogado defensor.