Ella//Capitulo 2
Le pregunté por su libro favorito y ella dijo que era After, we collided, que era el mejor de todos. Yo le dije que el mío era It de Stephen King. Hablamos de arte, música, películas, idiomas, viajes y una que otra cosa más. Pude deducir que Emma es una chica que sabe de diferentes cosas y es una persona con la cual puedes conversar de todo un poco. Me dejó sin palabras cuando me dijo que no solo hablaba inglés, hablaba alemán. Era enigmática. Así pasaron dos horas, pasaron volando. Ella dijo que tenía que irse y le pedí su WhatsApp. Me lo dio. Le mandé un mensaje diciéndole que me divertí y ella respondió que de igual forma. Me comentó que se estaba yendo a su clase de catalán. Le deseé suerte y hablamos luego.
Seguimos hablando a diario. Ella me iba contando pequeñas cosas de su día a día, como cuando se iba a realizar el voluntariado o cuando enseñaba inglés. Por chat era más directa de lo que recordaba. No cortante, diría que la palabra es precisa. Eso me llamaba la atención de ella, no se andaba con rodeos. Yo, que solo me había cruzado con personas ambiguas, estaba agradecido.
En la medida que íbamos hablando, infería cosas de ella, como que a veces respondía con sarcasmo a ciertas cosas o que cuando sentía que la conversación iba a morir, ella hacía algún comentario como para que siguiera fluyendo. Un día recuerdo que subió un estado donde decía que, si por cosas de la vida dejaban de hablar, siempre podían mandarle una canción y de alguna u otra forma podrían volver a conectar. Siempre recuerdo eso.
Un día decidí invitarla a salir, le pregunté qué quería hacer y me dijo para ir a la playa a sentarnos y conversar. Eso hicimos. La primera cita real y fue muy buena. Me pareció gracioso que la vi llegar con sus botas negras y me dijo: “Un ratito. Necesito quitármelas”. Hablamos sobre nuestros gustos personales y recuerdos de infancia. De hecho, me mostró una foto suya de niña. Se veía graciosa. Tenía dos coletas y una camiseta de Hannah Montana y comentó: “Sí, por eso soy rubia. Por ella”. Estábamos sentados sobre su blanket de Bob Marley y de fondo escuchábamos Oasis, su banda favorita. Claro, yo soy más de Efecto Pasillo, pero Oasis siempre viene bien. Tenía ganas de besarla, pero no lo hice porque ella no me había dado ninguna señal. Estaba tan cerca de mí, que podía sentir su fragancia: Pure Love de Victoria’s Secret. Ella me miraba fijamente y luego volteaba la mirada. Tal vez lo hacía porque estaba nerviosa. Me escuchaba atentamente y luego respondía con algo interesante o algo completamente diferente a lo que le estaba diciendo y un tema llevaba a otro. Estaba genuinamente interesado en ella. Luego nos dio hambre y fuimos a por un kebab, su favorito. Me pareció diferente a las chicas con las que había salido. Pensé que querría comer en algún restaurante o algo, pero no, ella pidió un kebab. Algo sencillo. Volvimos a la playa, vimos el sunset. Sacó su teléfono y tomó fotos. Me comentó que le gusta sacar fotos. “Esta chica tiene vena artística”, pensé. Aunque luego agregó que no lo hace como profesional, solo es aficionada. Hubo un momento en el que chocamos las manos y la sentí nerviosa. Me dijo que no le gustaba mucho el contacto físico si recién está conociendo a alguien y no sabe de qué va. La entendí por completo. Fue extraño verla nerviosa. No la imaginaba así.
Hubo momentos donde no sabíamos muy bien qué decir, porque, por más que Emma sea elocuente, ella tiende a quedarse callada muchas veces. Es tan intensa, que cuando no habla, uno piensa que algo ha pasado.